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Sin pelos en la lengua

ROY RIVERA SIGUE DESAPERECIDO

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El caso de Roy Rivera, un regiomontano desaparecido en el 2011 presuntamente a manos de policías de Escobedo, ya escaló a nivel internacional.

Los familiares de Roy, estudiante de la Facultad de Filosofía de la UANL, han decidido llevar este caso de desaparición forzada ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

La madre de Roy, Irma Leticia Hidalgo Rea, nunca se ha dado por vencida en la búsqueda de su hijo.

Hoy recurre a las instancias internacionales porque en Nuevo León ninguna autoridad ha atendido su caso para devolverle a su hijo.

“Recurrimos a todas las instituciones para dar con el paradero de Roy Rivera Hidalgo y ya agotamos los recursos internos que el mismo Estado Mexicano ofrece”, señaló Irma Leticia. “Por eso decidimos presentar la comunicación ante el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas”.

La madre de Roy es apoyada en su causa por Fuerzas Unidas Por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León y el Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, A.C. La madrugada del 11 de enero de ese año, Leticia Hidalgo y sus dos hijos, Roy y Ricardo, de 18 y 16 años, estaban acostados, mirando la tele, a punto de dormir, cuando escucharon golpes en el portón. Los hermanos salieron de la cama y bajaron a ver qué sucedía. Afuera vieron un camión de mudanza y hombres armados tratando de entrar a la casa. Roy subió a despertar a su mamá, mientras Ricardo fue a la cocina por un par de cuchillos para defenderse.

-¡Mamá! Llama a la policía porque quieren meterse a la casa-, le gritó Roy, mientras Ricardo era golpeado en la cabeza por los hombres que ya habían entrado.

Leticia se levantó, se asomó por el balcón y los vio acercarse a casa, armados, encapuchados. Luego los sintió por su espalda, subiendo por las escaleras. Quizá eran unos diez, doce, no lo recuerda. Lo que sí recuerda es que algunos de ellos traían chalecos que decían “Policía de Escobedo”. Uno a uno entraron a la habitación de Leticia y se esparcieron entre la cama, la caminadora, el escritorio, el mueble de la televisión, husmearon en el vestidor y en el baño. Aventaron a los jóvenes en el piso y les ordenaron agacharse. Leticia no reaccionó.

-¡Híncate!- le ordenaron con las armas apuntándole la cabeza.

Algunos hombres salieron de la habitación y empezaron a esculcar muebles, cajones, tomaron bolsas, computadoras, algunas joyas, celulares. Parecía un simple robo. Mientras los miraba, Leticia pensaba que esa era su “cuota”, que como a muchos, algún día le iba a pasar. Le echaron una cobija en la cara para que no los mirara. Desde ahí Leticia alcanzó a escuchar que uno de los encapuchados decía “son unos morros”, refiriéndose a sus hijos.

-¿Quién es el mayor?

Leticia se levantó la cobija y con los ojos les pedía a sus hijos que no respondieran, pero los hombres empezaron a golpear a Ricardo, que pese a ser dos años menor que Roy parecía mayor por su altura y musculatura.

-Yo soy el mayor- dijo Roy para que dejaran de golpear a su hermano. Uno de los hombres volteó la cama y les ordenó meterse ahí.

-Abrácense-.

Leticia pensó que en este momento los iban a matar y comenzó a rezar en voz alta mientras se abrazaba al cuerpo del hijo que tenía al lado. Luego escuchó las botas bajar por las escaleras, las camionetas arrancar y de nuevo el silencio de esa fría madrugada. Cuando se descubrieron, sólo se miraron Leticia y su hijo Ricardo. Roy no estaba. No recordaba en qué momento se separó de ellos o si siquiera los abrazó. Comenzaron a buscarlo en casa, pensando que encontrarían su cuerpo.

“Roy estaba por cumplir 19 años y estudiaba lenguas extranjeras en la facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Siempre había sido un muchacho delgado, sensible, acostumbrado a vivir en familia, a veces un poco sobreprotegido. Diferente a su hermano Richi, de aspecto corpulento y más aventado a la calle.

“Roy no es un chico fuerte físicamente, es más bien flaquito, no aguantaría largas jornadas de trabajo físico ni las cosas violentas que hacen los delincuentes como secuestrar, torturar, matar. Pero es listo y sabe hablar muy bien inglés, sabe usar computadoras. Quizá…

“¿Cuál es el uso de una persona desaparecida? ¿Cuál es su caducidad? Pensarlos como algo de uso, para tratar de entender qué hacen con ellos, por qué se los llevan, para qué los quieren.”

Con información de animal político e indigo redes.

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