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A ti mamá que diste a luz por cesárea “haz oídos sordos” a las frases que dicen que no eres mamá porque no pariste o porque no te retorciste del dolor por las contracciones durante el parto.

 

Al contrario, eres una HEROÍNA por aguantar más que eso y la muestra fiel es aquella cicatriz que embellece tu vientre. Sí, embellece tu cuerpo y tu alma; es la muestra fiel de que existe el amor puro e incondicional y refleja la bendición de dar vida.

Tú no tienes la culpa de que tu hijo no se acomodara o de aquella complicación que obligó al médico a dividir tu vientre.

De lo que sí eres responsable es de cuidarte a ti misma para recuperarte y demostrarle todo el amor a esa pequeña personita que tuviste durante nueve meses dentro de ti.

A ti que aguantaste la epidural, el corte de piel y grasa, el riesgo de lo que representa una cirugía y todas las incomodidades postparto, sólo quiero decirte que eres una MAMÁ en toda la extensión de la palabra.

Dar a luz por cesárea necesaria no te hace “menos mamá”, al contrario, eres merecedora de un gran reconocimiento por vencer esa frustración que sentiste al enterarte que no tendrías un parto natural, aunque lo desearas con todas tus fuerzas.

A ti que eres valiente y guerrera te dedico estas líneas escritas por Mónica Manso titulado Mantra de la cesárea, el cual es un reflejo de lo que siente una mamá que está en esta situación:

 

Parí por cesárea,

y por cesárea yo parí.

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Y se creó la puerta sagrada,

para ti y para mí.

 

Y pongo las manos en mi vientre,

y susurro para mí:

Gracias cicatriz querida,

por lo mucho que aprendí.

 

Yo parí por cesárea,

y por cesárea yo parí.

Y honro este portal de vida,

por donde yo renací.

 

Como madre, como hija,

como mujer sin fin.

Gracias cicatriz querida,

por formar parte de mí.

 

Porque tú custodias bien,

el dolor que padecí.

Un dolor que hoy yo transformo

en sabiduría para mí.

 

Yo parí por cesárea,

y por cesárea yo parí.

Gracias cicatriz querida,

tú y yo unidas al fin.

 

Y mi parto fue digno y bueno,

y mi parto me enseñó,

a inclinarme ante la vida

más allá de mi corazón.